Vicky Neumann Pinta A Lo Grande por Ángela Sierra Bernal – 2015

“Si este es el mundo que uno eligió, tiene que ser divertido”, asegura Vicky Neumann, una de las pintoras más prolíficas del país y que hasta el 4 de julio presenta Juventud sin divino tesoro’, en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. Se trata de grandes collages que forman una especie de rompecabezas, en el que los jóvenes son protagonistas. Allí utiliza materiales como óleo, acrílico, aerosoles, fotografía digital, telas y desechos.

Para María Belén Sáez de Ibarra, directora de la Dirección Nacional de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional, la obra explora los sentimientos de frustración de la juventud, sus miedos y sus dinámicas de vida, lo mismo que -dice- “el caos al que se ven enfrentados en un mundo globalizado por el poder y las pocas garantías que les ofrece la pobre herencia que les dejamos”.

La muestra es parte de un proyecto comisionado por esa dirección, junto con otro del artista vallecaucano Óscar Murillo, en una sala contigua: “Quisimos incitar a una reflexión sobre la importancia de la pintura en la contemporaneidad. Aquí uno, realmente, puede ver el mundo de Vicky Neumann como artista, sus obsesiones. Aquí empieza todo a hablar y cobra un sentido mucho más profundo”, asegura Sáez de Ibarra.

La energía de Neumann parece inagotable, luego de más de dos meses de trabajo continuo para montar la gigantesca exhibición (120 metros lineales de pintura x 4 metros de alto). Tras casi un mes de inaugurar su obra, en su voz se percibe la pasión con la que trabaja, la misma que la llevó a estudiar en Estados Unidos, Francia e Italia.

Su lenguaje es relajado. De todos modos, sabe que su obra habla por sí sola. “Me siento más fuerte en esto que en la vida real, aqui siento que sirvo para algo”, asegura.

Aunque se acercó al arte a través del dibujo, desde muy temprano, cuando rondaba los 20 años, quiso hacer pintura. “Hacía un poquito de trampa. Recuerdo que cuando dibujaba lo hacía con pastel graso, que además de ser baratísimo tiene una gama interminable de colores, y cuando terminaba, le echaba una capa de barniz de mueble y mientras estaba húmedo le ponía clara de huevo, y luego una tinta. Al final, restregaba y limpiaba y quedaba con una pátina más homogénea que se parecía más a la pintura ¡y me fue muy bien con eso!”, recuerda entre risas.

La pintura despertó en Neumann una pasión desconocida. Encontró que a través de ella se abria un nuevo mundo y descubrió un lenguaje para comunicarse. Y aunque también ha pasado por malos momentos nunca pensó en retirarse “La pintura puede ser una tortura, a veces no salen las cosas, pero se trata de divertirse. Lo mío es el placer de la pintura. ¡Cómo me voy a alejar de eso si es mi mundo!”.

Sobre la exposición en la Nacional asegura que le gusta hacer cosas atractivas pero chocantes a la vez: “Hay bastante caos, pero estoy tratando de dosificarlo. Uno no puede hacer que todo sea inmundo, debe haber una cosa concreta que tranquilice al espectador”.

Los jóvenes son recurrentes en su obra. “Los niños crean un ambiente muy ambiguo, es un mundo marcado por la inocencia, pero en la obra están en medio del caos, todavia no estamos hablando de delincuencia, pero causa tensión”, explica.

De los colegas colombianos, le gusta la obra de Carlos Castro: “Es muy inteligente, muy divertido”. También disfruta del trabajo de José Horacio Martínez, Danilo Dueñas y de lo que hizo Carlos Rojas.

Finalmente, reflexiona sobre la pintura en el arte contemporáneo: “Creo que no vale la pena prescindir de ella. Ese placer con el color, la materia, la pasta y las cosas orgánicas tocan a la gente, el mundo que no tiene pintura es más árido”.

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