Pintores Imperdibles en el Museo de la Nacional por Nelly Peñaranda – 2015

Nacidos ambos en Colombia, Vicky Neumann en Barranquilla, y Óscar Murillo en La Paila (Valle del Cauca) y educados en el exterior, comparten por estos días el Museo de Arte dela Universidad Nacional, en Bogotá.

Otros aspectos tienen en común: una pintura que sale de los límites tradicionales, formatos que llenan los espacios y se convierten en una instalación, y señalamientos a problemas sociales.

Las dos exposiciones sacan gran provecho de la línea de trabajo que se ha trazado este museo, que ofrece l a artistas destacados colombianos la posibilidad de hacer sus planteamientos en un entorno nada fácil, tanto por su tamaño como por el público, pues hace parte de uno de los centros de pensamiento más importantes del país.

Por eso, sus exhibiciones exigen un trabajo in situ para construir la obra para el proyecto comisionado, lo que convíerte al museo en un laboratorio para la creación y la experimentación. En este caso, las dos exposiciones simultáneas dan la oportunidad de apreciar una visión contemporánea de la pintura.

Condiciones aún por titular, de Murillo, y Juventud sin divino tesoro, de Neumann, se convierten en imperdibles, pues permiten conocer otras nociones de la pintura, desde el formato, el soporte y hasta en su olor, a la vez que cuestionan a la sociedad contemporánea al aludir al desequilibrio, la inequidad, la explotación y las nociones de poder.

Por un lado, es la oportunidad de conocer (para unos) y reconocer (para otros) la obra de Neumann. Frescura y desparpajo es lo que tiene y, luego de conocer su labor por cerca de 20 años, constancia y lealtad al medio, sin duda, son otras palabras que le aplican. Ha existido siempre en su obra una manera muy nostálgica de ver desde el retrato la vida y su paso, y aunque a simple vista parecería que el uso del color fuera sinónimo de felicidad, Juventud sin divino tesoro termina siendo el reflejo de un presente que poco tiene de buen regalo.

Murillo muestra su interés por centrar su trabajo en actividades que apuntan a la situación y explotación de la clase trabajadora, y cómo no teme abordar la pintura como un oficio duro que requiere, incluso, esfuerzo fisico. Esto se evidencia en los grandes telones cosidos con costuras burdas y marcados con cicatrices, casi todos ennegrecidos con un óleo que deja un olor penetrante y
marca toda la exposición.

Pero más allá de lo que se pueda decir, hay que reconocer que programar a Murillo es un acierto. Entre otras razones, porque resultaria inocente negar que a este artista se le conoce más en Colombia por efectos de las noticias y comentarios sobre los valores pagados por sus piezas en el exterior, que por una crítica fundamentada a su obra. Pues bien: este es un momento para que nos acerquemos a su trabajo, para intentar su comprensión y disfrute.

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