La Pintura Como Reflexión Sobre El Mundo Actual por María Alejandra Toro Vesga – 2015

“La pintura siempre ha sido relevante en el arte y tiene una enorme capacidad de llegar a la conciencia, de hacer reflexionar”, dice María Belén Sáez de Ibarra, cabeza de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional y curadora de las exposiciones que se inauguraron ayer en el Museo de Arte de esta: ‘Juventud sin divino
tesoro’ y ‘Condiciones aún por titular’, de Vicky Neumann y Óscar Murillo, respectivamente.

Aunque son de generaciones distintas -Neumann nació en 1963 y Óscar Murillo en 1986- ambos comparten su preocupación por el mundo que viven, desde lo social, lo ambiental, lo laboral o lo sicológico. También, el hecho de crear obras en el museo, ya que uno de los sellos de este espacio es ser un lugar de producción artística, como ocurrió con la colectiva ‘Selva cosmopolítica’ (2014) o ‘Variaciones sobre el purgatorio (2011), de José Alejandro Restrepo.

En el caso de Neumann, sus pinturas no tienen marcos ni están ‘colgadas’ de forma convencional. Al contrario, se extienden a lo largo de la sala de manera que es imposible concebirlas como piezas individuales, sino que son una sola gran instalación, explica Sáez de !barra., quien decidió invitarlos por considerar que “manejan muy bien el recurso. (la pintura) y pueden afrontar los retos de una práctica contemporánea”, refiriéndose a la relación de la obra con el espacio de exhibición. ‘Juventud sin divino tesoro’ presenta pinturas de gran formato que se apropian de las enormes y blancas paredes del museo, presentando personajes anónimos, a veces inermes y en una actitud que puede verse como desafiante, o que sugiere situaciones de desazón suprema e incluso activar el morbo que, a su parecer, es natural en los seres humanos. “Me encanta descontextualizar”, dice Neumann mientras señala las imágenes insinuantes de una joven que están desenfocadas y que parecen ser de una escena violenta. Sin embargo, ni esa ni ninguna otra corresponden a tal situación, pero en medio de esos collages se proyectan como tal.

Y así como Neumann se cuestiona sobre el matoneo, el consumismo exacerbado o la basura que generamos a diario, Murillo -que se formó en la Universidad de Westminster y en el Royal College of Art, ambos en Londres- presenta un proyecto en el cual, sin ser literal o figurativo, aborda el mundo láboral, especialmente el informal.

Por tal motivo, la mayoría de piezas no tienen rostros, salvo una serie de dibujos en donde aparece Ramón, un vendedor de chance de La Paila (Valle), y un cuadro que no es de su autoría, en la que se ve a un niño que vende comida en una bandeja.

Cuenta la curadora que cuando Murillo vio esa pintura hace seis meses quiso que fuera parte de esta exposición, que no trata acerca de un contexto específico sino que toma elementos de los lugares en los que ha vivido, Londres y La Paila, para presentar, por primera vez en Bogotá un proyecto en el que el color negro, además de expresar su raza o sus orígenes, también muestre la energía con la cual trabaja Murillo.

Esto que resalta Sáez ya había sido mencionado por coleccionistas como Mera y Donald Rubell, quien alguna vez afirmó que “la última vez que vio esa energía para trabajar fue con Keith Haring o Jean Michel-Basquiat”, artistas
que fueron críticos de su sociedad, al igual que Murillo.

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EL TIEMPO – JUEVES 12 DE MARZO DE 2015 – www.eltiempo.com

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