El Corazón Negro de Oscar Murillo por David Santiago Gómez Mendoza – 2015

COMO EL RACISMO, LA EXPLOTACIÓN LABORAL Y SU REPERCUSIÓN EN LA JUVENTUD se encuentran vigentes y cobran fuerza en la sociedad. Eso es lo que se evidencia en la primera muestra individual que trajo a Colombia el joven artista vallecaucano Oscar Murillo, en la que da a conocer su visión del mundo.

“Él habla de una realidad, de una indagación en la que usa recursos estéticos como el óleo, elemento difícil de manejar”, señala María Belén Sáez de Ibarra, directora de Patrimonio Cultural de la UN y curadora de la exposición “Condiciones aún por titular”, que se exhibe en el Museo de Arte de la Institución, junto con “Juventud sin divino tesoro”, de la barranquillera Vicky Neumann.

Este artista de 28 años, proveniente de La Paila (Valle) y que desde los diez años vive en Londres es uno de los jóvenes con mayor proyección en el mundo del arte, a tal punto que ha generado expectativa por su presencia en la versión 56 de la Bienal de Venecia, pues se trata del segundo colombiano que llega a este evento, después de Doris Salcedo.

“Condiciones aún por titular” es un proyecto que viene trabajando desde hace un año y que se basa especialmente en la pintura, aunque también maneja elementos performáticos y recursos escultóricos. En él, presenta un poco su visión de Colombia y de las injusticias laborales y sociales que se tejen en el país.

CRUDA REALIDAD

En la obra de Murillo que se aprecia en el Museo de Arte de la UN, el color negro predomina en las telas que se encuentran en el suelo, la pared, el techo y hasta en una camilla de morgue. Según la curadora, esto puede entenderse como un réquiem al luto y al racismo, notorio en Latinoamérica.

“En pleno siglo XXI, se ven muchos episodios radicales como el bajo acceso a la educación; adicionalmente no hay presencia negra en los cargos directivos de la Nación. Entre más oscura la piel es mayor la exclusión”, advierte la curadora. Dicha situación también la revelan estudios como el del Centro Nacional de Consultoría, según el cual la ocupación a nivel directivo de la población negra en el país apenas llega al 6%.

El punto de entrada de la obra, contado por el mismo maestro, es el cuadro de un niño negro que posa sobre la ventana de la casa de exposición. Según explica, él vio esa imagen en una vivienda de la alta sociedad hace poco más de un año y le causó curiosidad. La ubicación de la pintura da la sensación de que el pequeño observa desde afuera todo el escenario de explotación laboral alrededor de la exclusión social.

Además del niño, la exposición tiene otro vigilante. Justo al otro extremo, hay un trabajo de serigrafía, elaborado con copias de las hojas de solicitud de empleo y servicio para la Fábrica de Dulces de Colombina, en La Paila (Valle), donde trabajaba María Virgelina, madre del artista. Allí se repite el sello de retirada, pues la compañía prescindió de sus servicios.

El artista interviene estas hojas con dibujos, marcando un momento íntimo a partir del cual comenzó su travesía a Londres, donde tuvo las oportunidades que quizá en Colombia no se le presentaron, como estudiar en la Universidad de Westrninster, mientras hacía labores de limpieza, y obtener un máster en el Royal College of Art.

En un pequeño cuarto de la sala donde se expone “Condiciones aún por titular”, aparece otro símbolo del trabajo y del abuso laboral, con overoles blancos colgados. Todas las prendas tienen un corazón grande negro, que resalta el luto y el racismo presentes en toda la obra.

“JUVENTUD SIN DIVINO TESORO”

Aunque son de generaciones diferentes, Óscar Murillo (1986) y Vicky Neumann (1963) no son del todo diferentes, incluso, sus obras se reflejan. La juventud de la que habla la barranquillera en su trabajo, que no tiene un divino tesoro, es a la que también pertenece el joven pintor. A través de la pintura, la artista se pregunta qué tipo de sociedad se le deja a las nuevas generaciones.

La instalación se compone de collage, oleo, acrílico, esmalte e impresión digital, todo sobre lienzo y cartón. Poco más de dos años se tomó Neumann para estructurar este trabajo, que ocupa una de las salas del Museo de Arte de la UN, en una obra de 4 metros de altura por más de 120 metros de extensión.

Allí sobresalen imágenes de niños y jóvenes, algunos pintados en óleos, otros registrados en fotografías y otros solo dibujados, combinados con escombros, construcción de edificios y una vivienda improvisada con antenas de televisión y autos convertidos en chatarra. Algunas imágenes parecen verse en diversos lugares de la instalación, pero son una reiteración de ideas.

“Estamos dejando un mundo devastado. La juventud es una etapa problemática y llena de dudas”, asegura la pintora. Más que ciudad, se les deja a los jóvenes, tugurios, abandono y daño ambiental, complementa la curadora Sáez de Ibarra.

Hay imágenes de muchachos con tristeza en sus rostros, con aspectos de soledad y temor. Son registros fuertes de niños y jóvenes fumando, algunos muestran un tono desafiante y abusivo. Vicky Neumann afirma que el mundo que heredan sus hijos está lleno de matoneo, no solo el que se ve en los medios de comunicación, sino también del que hablaban sus hijas, incluso del que ella vivió en su época.

Tanto las imágenes presentadas por la artista del norte de Colombia, como la obra de Murillo plantean la pregunta sobre si el arte es político o no. Desde la curaduría y la visión del visitante, puede serlo, en la medida que llegue a la conciencia de la persona.

La exposición de los dos artistas estará abierta al público hasta el 4 de julio, de martes a sábado de 10:00 a.m. a 7:00 p.m. en el Museo de Arte de la UN (entrada libre).

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